En nuestro entorno, en Tacámbaro, seguramente se escribirá mucho respecto al pasado proceso electoral, una corriente de pensamiento afirma que la historia la escriben los vencedores -para quienes seguramente “la mayoría decidió”-, y sí, efectivamente, en lo numérico es claro que el vencedor fue Don Artemio y su planilla, y le digo “Don” no por salamería y entreguismo, sino por el respeto que se ha ganado con nosotros los ciudadanos a lo largo de los años, respeto que recordemos, no es inamovible o perpetuo, ya que día con día se abona o se erosiona, toda vez que nuestros actos[1] y decisiones constantemente lo pondrán a prueba, y qué decir cuando asuma su función pública, donde deberá privilegiarse la congruencia y el respeto a las diferencias y nunca el sofocamiento a quienes piensen diferente.
Sin embargo, también es momento de reflexionar no solo en la forma en que se llega al poder, sino en el fondo, como se obtiene este, situación que legitima o deslegitima la llegada al ejercicio de la función, y es que cada uno de nosotros podríamos hacer una reflexión personal, que va desde un polo preguntándonos si la fórmula del frente opositor fue la estrategia correcta, o desde el otro, si los votos de esa mayoría ganadora, reflejan en realidad la voluntad de la ciudadanía de manera libre, cierta, directa, secreta y desinteresada o solo es un espejismo democrático de lo decidido en las urnas.
Por lo que respecta a la primera reflexión, es de todos conocido que los partidos tradicionales PRI, PAN y PRD se coaligaron en pro de un proyecto -que a mi criterio- la candidata que lo abanderó es quien contaba con las mejores tablas y la experiencia necesaria para unir y coordinar a los tres institutos políticos, creyentes todos -al menos los del PRI- que con la sumatoria de las otras dos fuerzas más representativas se estimarían competitivos, de allí que, quiero pero no puedo entender el costo tan alto que tuvo que pagar dicho Instituto por pactar con las otras fuerzas, tan caro les costó que ya con las constancias de mayoría en mano, entregó dos de las tres primeras regidurías[2] al PRD a cambio del irrisorio número de 1,275 votos[3], mientras que la otra, la segunda, en favor del PAN, misma que aportó 1,486 votos, cuando por sí mismo el partido de la candidata aportó 5,528 electores, es decir, dobleteó el números de votos aportados por los otros dos partidos juntos, pero al haber perdido y obtenido una votación considerable, fue que entraron por la coalición tres de los cuatro espacios de oposición, correspondiéndole los tres primeros regidores de acuerdo al convenio, lo que se traduce en que dicho instituto político (PRI) quedó sin ninguna presencia en el cabildo municipal, lo cual obligadamente deberá ser motivo de reflexión en lo futuro y recordar que en política, las lealtades solo son pasajeras y que en venideros comicios podría ser mejor pelear solos que mal acompañados.
Sin embargo, no me queda duda que la buena fe de algunos prevaleció al momento de su configuración, pero a la hora de los hechos, los intereses personales de ciertos militantes salieron a flote, más en contextos económicos como el nuestro, con escaza industria, que origina que cada elección sea una oportunidad de empleo para muchos simpatizantes de ganar su opción política y ante un escenario de repartición tripartita de los espacios es que se hizo más grande el desinterés e inclusive, el disgusto de saber que hay una alta probabilidad de no ser parte de lo que vendría a ser una nueva administración municipal, lo que aventó votos de castigo en favor de las otras opciones políticas, no tanto por ideologías o principios, sino por la realidad que es la pauperización de las condiciones de vida de los tacambarenses y ante ello, la búsqueda de sus intereses individuales, que también tienen su dosis de legitimidad, ya que toda persona tiene derecho a ocupar un espacio público.
En lo que respecta a la segunda interrogante, respecto a si esa mayoría numérica refleja un convencimiento claro de la voluntad popular en las urnas, quienes tuvimos la oportunidad de seguir presencialmente el proceso electoral, podemos tener una visión más clara de lo acontecido y quienes no, tienen el pulso social de lo sucedido, por lo que es bueno preguntarse si en realidad fue una jornada ejemplar -como algunos lo vitorean-, donde el acarreo, la intimidación y las historias de compras de votos, son solo cosas del pasado, cosas del viejo PRI -como le llaman-, y que ahora en tiempos de la 4T sus personajes son puros y dignos predicadores de la máxima “no robar, no mentir y no traicionar”, donde solo son pecados las siempre reprobables entregas de despensas, pero no el pago descarado del voto y la intimidación.
Finalmente concluyo, de manera muy sensata, deseándole a los candidatos ganadores mucho éxito, que su gestión esté a la altura de las expectativas de la ciudadanía, recordándoles el gran compromiso que tendrán con ella, ya que a pesar de su mayoría, su legitimidad democrática alcanzó solamente 11,309 votos[4], en contraste con los 14,734[5] ciudadanos que no compartieron su proyecto y que votaron por otras fuerzas políticas, en una lista nominal de electores de 51,793 votantes en total, por lo que en números duros, 1 de cada 5 tacambarenses votó por el ganador, de allí el enorme compromiso de gobernar para todos, particularmente para esa otra mayoría – la de quienes no votaron o lo hicieron por una opción diferente-, por lo que el trabajo, el respeto y la honestidad serán la mejor carta legitimadora de su valía, porque todos queremos que en Tacámbaro verdaderamente se siembre esperanza y se coseche prosperidad y no violencia y arbitrariedad.
[1] No solo acciones, también las omisiones.
[2] De acuerdo a su fórmula es la primera y tercera, incluyendo sus suplentes.
[3](1) Distrito 19 – Instituto Electoral de Michoacán – Publicaciones | Facebook
[4] Producto de la sumatoria de los 9,854 votos aportados por Morena, más los 935 del Partido del Trabajo y los 520 votos de la coalición en común.
[5] Misma que se obtiene de la sumatoria de todos los votos hechos en favor de las otras fuerzas políticas, y también podría ser obtenida del descuento de los votos del frente ganador a los 26,043 votos válidos totales realizados el día de la elección, de acuerdo a cifras oficiales.